citando a Diruta 09Jul09 | 0

“… los ricercares, motetes, y Misas te enseñarán a improvisar, las canzonas a tocar ágilmente, y los madrigales a descubrir los diversos efectos de la armonía.”

G. Diruta, Seconda parte del Transilvano (1609), libro quarto [1]

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[1] En BRADSHAW, M.C. & SOEHNLEN, E.J.: “The Transylvanian” (Il Transilvano), volume II. Henryville [etc.]: Institute of Mediaeval Music, 1984, p.143.

Año Handel 15May09 | 0

“Do you play different on the harpsichord and the organ?”, me preguntó Reitze cuando volví a la capilla después de haber tocado la obertura de Siroe en el órgano. Y la verdad es que esta pregunta podría resumir el principal punto de interés ayer, en la masterclass sobre las obras para teclado de Handel en la que nos reunimos los alumnos de clave y órgano del conservatorio.

Sin duda, la articulación fue nuestro punto de partida ayer, y quizá también nuestro “demonio”: organistas “percutiendo” en el clave; clavecinistas “deslizándose” en el órgano… La pregunta inevitable: ¿Handel y sus contemporáneos encontraban tan diferentes ambos instrumentos? ¿Cómo estaban armonizados sus claves? ¿Estamos tan influenciados por la escuela tardía francesa que los nuestros son demasiado delicados ahora (aumentando enormemente la distancia respecto al órgano)?

En pocas palabras, alrededor de 1700 no había separación, sino únicamente “teclistas” (es cierto que en ocasiones más dedicados al repertorio sacro o al profano, claro está). Pero podemos decir que eran los mismos intérpretes sentados frente a instrumentos distintos. Hoy en día no podemos (¿realmente no podemos?) concebir que utilizaran dos técnicas diferentes. ¿Había pues UNA única forma de tocar?

Personalmente, aún estoy trabajando en encontrar mi “sonido” en el órgano, y debo reconocer que mi primera experiencia (y ayer fue la primera para algunos de los alumnos de clave) fue tan frustrante como la primera vez que me senté ante el clave después de años de tocar el piano.

Actualmente la separación existe: hay clavecinistas y organistas, estamos más especializados, y cuando decidimos aproximarnos al otro instrumento, este proceso nunca se produce de la forma “natural” en que debió de haber sido para los músicos del periodo barroco. Inevitablemente, venimos de un estilo donde nos encontramos “como en casa” y tratamos de adaptarnos a un nuevo sonido. La pregunta no podía hacerse esperar… Claro está, hay intérpretes que se dedican por entero a ambos instrumentos, y ahí podemos encontrar un ejemplo de que la distancia no debe ser tan grande (o de que han desarrollado “dos caras”); sin duda, preguntarles cuando surja la oportunidad sería interesante. Pero mientras tanto, quizá lo más útil sea dejar al propio instrumento sonar y “decirnos” qué funciona y qué no…

En última instancia, utilizamos las mismas herramientas: los clavecinistas disponemos igualmente de un amplio abanico de articulaciones para hacer “hablar” a nuestro instrumento…, y los organistas no rechazan el legato (¡incluso el sobreligado!). Me da la impresión de que es una mera cuestión de “cantidades”, de saber ajustar los ingredientes dependiendo del instrumento. Después de todo, ¿acaso no tocamos de forma diferente en un Giusti que en un Blanchet?

lo dijo...

"[...] el rey [Carlos II] me preguntó con grande ansia si había oído cantar a Matheuchi, cuándo vendría, y si era impertinente o no, y como si en el mundo no hubiese ejército, ni estado de Milán, no se acordó de tal cosa, pero esto no lo admiro a vista de que a todos sus ministros, o a los más les ha sucedido lo propio [...]"

Carta de Carlos Felipe Spinola y Colonna al duque de Medinaceli (1698)

"El segundo Clavecinista irá sólo al Ensayo general, enviando a todos los demás al Tercero, el cual no comprenderá normalmente más Clave aguda que la de Soprano, procurando no utilizar nunca, al tocar, los Pulgares, no hacer caso de los Números, tocar siempre la sexta, no juntarse nunca con el Maestro, y cerrar todas las segundas Partes de las Arias con la tercera mayor, etc. etc. etc."

Benedetto Marcello, Il teatro alla moda (1720)